Lo que nuestros perros pisan

Muchísimos perros son quienes salen a pasear, incluso, quienes están más ocupados, contratan un servicio de paseos para que tengan su actividad. Les encanta correr, ladrar, jugar, hasta aman ensuciarse; pero, ¿qué me dicen de lo que están pisando? Como seres humanos, hemos creado el calzado para proteger nuestros pies de cualquier tipo de peligro y, al caminar por la ciudad, no sentimos más que confort al momento de pisar (dependiendo nuestro calzado). Pero ¿somos conscientes de los terrenos que estamos pisando? Aunque ellos tienen almohadillas para no lastimarse, hay que estar atento donde pisamos por su salud. Cuando paseamos con nuestra mascota, pisamos cualquier tipo de terreno sin ser conscientes del peligro que esto puede acarrear. Al trasladarnos a los parques sabemos que ese será nuestra meta al salir de casa, aunque no pensamos en el camino y sus obstáculos. Podemos estar caminando por distintos suelos, ya sean maderas, arena, aguas, baldosas rotas, entre tantos, y podemos encontrar vidrios rotos, alambres expuestos, chapas oxidadas y qué sin fin de peligros. Ni mencionar de estar atentos a algunos estilos de venenos que dejan alrededor de algunos árboles. Tener consciencia de que nuestro perro puede ser afectado en su salud al caminar por la ciudad hace que prestemos atención a posibles factores como maderas con calvos, calles que están siendo asfaltadas con brea fresca, como también los distintos diseños de baldosas de las veredas pueden ser perjudiciales. Hay distintos estilos de suelos por los que transitamos cuales lastiman las almohadillas, como otros que temen de pisar; al conocer a nuestro perro, tenemos que saber cuáles son los terrenos aptos para transitar sin que se alarme. Hay algunos perros que evitan pasar por rejillas, veredas en construcción, suelos mojados… Cada uno camina por donde quiere o le parezca cómodo, pero nosotros, como sus guias, debemos de cuidarlos. Los típicos suelos que intentan evitar son las rejillas, canto rodado, calles con aceites de autos, suelos con moho o empedrados ahuecados, más que nada en los días de lluvia; son posibles desgastes que, tras varios segundos de caminar sobre estos, las almohadillas se van lastimando. ¿Acaso alguno de ustedes ha paseado a su perro descalzo por la ciudad y sentido lo que ellos mismos sienten? Hay que tener en cuenta la sensibilidad de sus patas y que no es lo mismo que nuestros pies, pero, hagan la prueba y verán en los diversos suelos que los transitamos. Los suelos de los parques, en especial cuando la tierra está bien nutrida, son muy refrescante, como cuando se recuestan en los mármoles de los edificios los días de mucho calor. Los típicos suelos con un poco de humedad son los más óptimos para ellos, ya que el agua es un factor de relajación, incluso la arena (aunque hay que tener cuidado por las temperaturas que pueden absorber). Al regresar a su casa, tenga en cuenta que puede que tenga más hinchados sus patas, por lo que relajarle la presión sanguínea dándole masajes que vayan desde los hombros, lentamente, hasta llegar a las almohadillas. El tacto, incluso, fomenta el vínculo entre ambos, aumentando la confianza, el respeto y el cariño. Asi que, animate y caminá descalzo junto a tu compañero para hacer la prueba y entenderlo un poquito más. Autor: Luis Melano Canninatas

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